Con la letra F: Fortuny, Mariano

Ya estamos a jueves, y como bien sabéis nos encanta aprovechar este día para traeros una historia de moda por orden alfabético. La semana pasada hablamos del diseñador vasco Etexeberría, su peculiar experiencia y vida en la moda nos cautivó de tal manera que no podemos ocultar nuestra atrevida predilección hacia sus diseños e historia.

Pero hoy le toca el turno a la letra F, de Mariano Fortuny y Madrazo. Este español nacido en 1871, hijo del también pintor Mariano Fortuny, fue un hombre de lo más polifacético. Pintor, escultor, diseñador y hasta fotógrafo, destacó no solo por su facilidad para todo lo relacionado con la moda, también marcó una auténtica revolución. La no moda. Igual a muchos os suena, pero lo curioso no es solo su afán por haber convertido en tendencia todo lo que creó a principios del siglo, sino que además, nuestro intrépido amigo adoraba la moda pasada. El estilo barroco y su debilidad por el art nouveau, algo sin duda paradójico, fue el motivo perfecto para dar vida a su famoso traje vanguardista: Delfos.

Sus prendas reflejaban el vanguardismo y la belleza más pura de este diseñador, y a pesar de que solo muy pocos pudieron gozar de sus diseños durante esa época, se puede decir que triunfó entre paredes elitistas y adictas al arte de Fortuny.

Se rodeó de tejidos delicados y suaves como el terciopelo, la seda e incluso materiales como los óxidos metálicos y tintes. Durante ese momento comenzó a experimentar, a inspirarse con cada materia que manipulaba, de esta manera fue forjando su particular legado de piezas en especial teatrales. Aunque nada tan personal y conocido como su famoso traje Delfos, el cual comentábamos a principio del relato. Fue su mayor creación, su venus, su broche de oro. Un traje diseñado con mimo y pasión. Este traje de tela plisada patentó un proceso para plisar las telas. No bastándole con ese descubrimiento, siguió su camino de experimentación hasta llegar a conseguir como tintar y estampar en los tejidos o cualquier otro tipo de superficie.

Aunque el verdadero éxito de su carrera le aguardaba tras la guerra. Lleno de ideas y planes, abrió una pequeña fábrica donde poder centrarse en sus creaciones. Esto no provocó otra cosa que el deseo de sus clientes por obtener sus piezas. Con el éxito merecido llegaron las tiendas. La primera en París y posteriormente le siguieron otras más en distintas ciudades del mundo.

Sus prendas se caracterizaban por su simpleza en el corte. Pero donde verdaderamente se apreciaba su marca eran en los tejidos. Siempre en busca de telas nuevas, viajó por infinidad de lugares, tratando de destacar, avanzar, pero sobre todo diferenciarse. Su sello más personal se lo daba su proceso de plisados, y eso, sin duda alguna, fue la clave de su trabajo en este sector.

Como curiosidad, este artista nunca fue demasiado reconocido en España. Sin embargo, su labor fue aclamada por otros países de afuera. Es extraño, pero suele pasar. No solemos dar importancia a lo que tenemos entre nosotros, parece que tienen que huir, escapar a otra zona donde se fijen realmente en ellos, para luego volver y ver lo que hemos perdido. Algo típico. Rompamos el mito con las siguientes generaciones.